Es tan común observar aquellos delfines saltar a través de un aro, girar en el aire, recibir pescado de manos de los entrenadores y nadar en un enorme estanque, que parece ser un hecho casi normal. Sin embargo, la práctica de mantener a los delfines dentro de un espacio artificial en un delfinario es relativamente reciente, como muchos de los descubrimientos acerca de la peligrosidad para los delfines cautivos.

ANTECEDENTES DE LA PRÁCTICA DEL CAUTIVERIO DE LOS DELFINES
La práctica se remonta hacia el siglo XIX, cuando en 1860 se mantuvo cautivo un par de belugas (Delphinapterus leucas) en el museo de Nueva York. Si bien la beluga no es propiamente un delfín, el hecho marcó un antes y un después en la industria de los delfinarios. Pasaron varios años hasta que en 1938 los Estudios Marine abrieron en Florida un delfinario con la modalidad actual, es decir, aquella en la que el espectador paga por ver a los delfines y en tal época se comenzó con un ejemplar nariz de botella (Tursiops truncatus).

Las personas se dieron cuenta de que los delfines eran capaces de aprender trucos y de ejecutar acrobacias previo entrenamiento, así que esto dio pie a toda una industria que creció con el correr del tiempo y muchos otros delfinarios fueron abiertos al público. Para 1970, ya existían unos 36 delfinarios sólo en Reino Unido.

Mantener a los delfines en cautiverio no es una práctica agradable para los conservacionistas y los protectores de los derechos de los animales.
Es importante decir que los delfines en cautiverio no sólo están en los delfinarios y los parques acuáticos para divertir a las personas que pagan por ver un espectáculo. En ocasiones, los delfines están ahí con el objetivo de ser estudiados o protegidos si se encuentran en peligro de extinción, pero de cualquier modo, la práctica entraña ciertos riesgos frecuentemente ignorados por la mayoría de las personas.

Nadar con delfines.

VIDA EN CAUTIVERIO
Dentro de un estanque artificial, por lo regular los delfines cuentan con una infraestructura que semeja su hábitat; el agua debe tener una profundidad adecuada en función de su especie y debe ser alimentado de forma balanceada con lo que regularmente consume en estado salvaje.

Los delfines también pasan buena parte de su tiempo aprendiendo trucos y coordinando sus acrobacias para fungir como atracción central (en el caso de los delfinarios) a cambio de comida. Del mismo modo, pueden ser entrenados para asistir a personas que padecen dolencias o enfermedades congénitas.

OPINIONES ENCONTRADAS
Mantener a los delfines (a decir verdad, no sólo a los delfines) en cautiverio no es una práctica especialmente agradable para los conservacionistas y los protectores de los derechos de los animales. El cautiverio parece ser una especie de cárcel para un animal habituado a la libertad, a la interacción con cientos o miles de delfines semejantes y a un comportamiento general que no puede ser manifestado del todo en un ambiente reducido, no importando que el estanque sea bastante grande.

El lado oscuro del cautiverio comienza desde la captura de los delfines. Esto se ha descrito como “traumatizante”, ya que muchos de ellos son capturados desde pequeños de formas estresantes y hasta violentas, son transportados en estructuras incómodas y son depositados en un lugar extraño. Si se toman en cuenta sus estrechos vínculos sociales y su capacidad de memoria, se tiene que para los delfines capturados es un impacto extraordinario.

Nadar con delfines.

La matanza anual que se efectúa en costas japonesas supone un acto brutal aunque las autoridades locales han pedido que se respete esta tradición. No obstante, el agua teñida de rojo provoca un gran rechazo de la sociedad occidental. Se dice que algunos de los delfines sobrevivientes a la matanza, los más jóvenes y fuertes, son seleccionados para ser colocados en los parques acuáticos y servir como atracción.

Por otra parte, los estudios, si bien ayudan a desentrañar aspectos sobre su vida y permiten una mejor comprensión de sus procesos, pueden tener efectos negativos en su comportamiento o estar enmarcados en procesos nocivos.

En vida salvaje los delfines se desplazan varios kilómetros diariamente, conviven con sus compañeros de manada y con otras especies de cetáceos y animales, emiten sonidos para comunicarse y capturan vivo su alimento. Su compleja estructura social es impedida cuando convive diariamente con unos pocos delfines.

Tú qué opinas, ¿el ser humano debe mantener cautivo a un animal sólo porque puede?

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