¿Crees que jugar, reconocerte ante un espejo y detectar el lugar de donde proviene el delicioso olor de la comida son actividades simples? Bueno, para los seres humanos son cuestiones cotidianas y banales, pero toma en cuenta que pocas especies del reino Animalia pueden lograrlas. Los actos y actividades relacionados con una actividad cerebral compleja y con la capacidad de conciencia (que no es lo mismo que raciocinio) son estimulados por los sentidos y dotan a una especie determinada de cierto grado de inteligencia.

Junto con los seres humanos, los delfines conforman un grupo de criaturas consideradas inteligentes. Hasta ahora la inteligencia de estos cetáceos no se considera superior a la humana, aunque algunos científicos creen que la inteligencia de los delfines es diferente y la comparación en términos humanos no es justa.

EL CEREBRO COMO CENTRO DE PODER
Los delfines tienen cerebros más grandes que los de los humanos y un neocórtex complejo.
Cuando se trata de comparar el tamaño de los cerebros de los seres vivos, se hace en función de la relación entre el tamaño del cerebro con el tamaño del cuerpo. El caso de los delfines es excepcional. Tienen cerebros más grandes que los de los humanos y un neocórtex (tipo de corteza cerebral encargada de los procesos asociados al raciocinio y la conciencia) sumamente complejo.

El que los delfines tengan un cerebro más grande que otros mamíferos es una cuestión aún discutida. Las teorías que más se barajan responden a la necesidad de detección y procesamiento del sonido, y a la inteligencia superior.

La capacidad de procesar los estímulos externos depende de la anatomía del cerebro y de las experiencias del delfín, es por ello que sus sentidos están altamente desarrollados y su inteligencia es elevada.

SENTIDOS DESARROLLADOS
Del mismo modo que los seres humanos, los delfines dependen completamente de sus sentidos para sobrevivir en su entorno pero la diferencia con el Homo sapiens radica en un sexto sentido necesariamente útil para alimentarse.

Vista. La mayor parte de las especies posee una vista muy aguda dentro y fuera del agua gracias a sus ojos que pueden moverse independientemente uno de otro, y a la curvatura del globo ocular. Su rango visual es de 180° así que pueden ver hacia adelante, hacia atrás y hacia los costados, pero no pueden mirar hacia arriba y esto explica por qué se les ve persiguiendo presas nadando con el dorso hacia abajo.

Las retinas de sus ojos tienen células bastones y células conos. Esta característica sugiere que pueden distinguir los colores, pero hasta ahora esto no se ha confirmado y se sigue creyendo que sólo pueden diferenciar tonalidades de grises.

No todos los delfines pueden ver. Los delfines de río no disfrutan del agudo sentido de sus parientes de agua salada y, o tienen débil visión, o son ciegos, como es el caso del delfín del Indo (Platanista gangetica minor). Esto es así ya que los sedimentos en suspensión del agua impiden el paso de la luz solar y el delfín no tiene necesidad de mirar su entorno. Sin embargo, sí necesita de sus otros sentidos.

Olfato. Este sentido no está muy desarrollado. Como carecen de nervio olfativo y de lóbulos, se cree que carecen del sentido o está muy limitado.

Oído. Los delfines apenas cuentan un agujero externo como oreja en cada lado de la cabeza, pero esto no impide que su audición esté desarrollada. Tienen de 2 a 3 veces mayor cantidad de células en el oído que cualquier ser humano y así pueden distinguir bajas frecuencias, ondas sonoras de alta frecuencia e incluso los tonos de los sonidos.

Bajo el agua, la audición se da a través de la mandíbula inferior. Suena extraño porque ésta no posee agujeros para escuchar, pero conduce los sonidos al oído a través de una cavidad llena de grasa. Sus dientes también juegan un papel importante ya que son una especie de antenas que reciben el sonido.

Los delfines de río no disfrutan del agudo sentido de sus parientes de agua salada, e incluso, pueden ser ciegos.
Gusto. No existen muchos datos, pero se sabe que este sentido está presente en los delfines porque demuestran claras preferencias por cierto tipo de alimentos. Su costumbre de probar el sabor del agua funciona como sensor de la presencia de objetos o presas que no están en su boca.

Los delfines nariz de botella identifican 4 sabores básicos: dulce, salado, amargo y ácido. La capacidad de saborear va más allá de la preferencia de la comida: podría ser útil para la orientación, reproducción y localización de otros delfines.

Tacto. La piel de los delfines es muy sensible debido a la gran cantidad de terminaciones nerviosas que hay debajo, mayormente alrededor del hocico, de las aletas pectorales y de los genitales.

Son muy sensibles a los flujos de agua que corren por su cuerpo y utilizan su sentido del tacto en contextos sociales y sexuales.

Ecolocalización o ecolocación. Este sentido consiste en la emisión de sonidos de alta frecuencia (200,000 ciclos por segundo) que se envían a través del melón. Los sonidos rebotan en un objeto, llámese presa, y regresan al delfín en forma de eco. Los dientes captan el sonido y éste es conducido al nervio auditivo y posteriormente al cerebro a través de la mandíbula inferior.

El uso de la ecolocalización brinda a los delfines la posibilidad de saber la forma, el tamaño, el peso y la densidad del objeto y hasta de identificar algunas especies.

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