¿Has visto a esos niños y todas esas personas ataviadas con chaleco nadar felizmente con los delfines de un estanque? ¿Con qué facilidad un delfín se acerca hacia esos extraños? ¿Qué bien parecen estar pasando el tiempo?

Bueno, esta imagen puede corresponder a algún programa de terapia asistida con delfines, una actividad diferente a aquella que sólo se enfoca en introducir a las personas al agua con los delfines, enseñarles la anatomía del cetáceo y pasar un rato divertido.

La terapia asistida con delfines es una variante de la terapia con animales, y consiste en la interacción de estos animales con personas que padecen alguna enfermedad o padecimiento físico, congénito o psicológico. De acuerdo con la WDCS (Whale and Dolphin Conservation Society), esta terapia trata a niños o adultos con discapacidades físicas, emocionales y psicológicas en el marco de un programa que utiliza delfines en cautiverio o que son parte de una población que vive en estado salvaje.

Las personas que han tomado terapia con estos cetáceos describen la experiencia como “mágica” y dicen que provee bienestar a su vida.
Los delfines son entrenados para interactuar con las personas y se cree que su compañía, especializada para nadar junto con ellos, acariciarlos y observar sus trucos o acrobacias tiene un efecto positivo en la salud de los pacientes. Desde esta perspectiva, los delfines son prácticamente terapeutas.

Un programa de estas terapias requiere todo un arsenal de elementos para ser seguro: entrenadores de delfines, veterinarios, terapeutas humanos, infraestructura adecuada para los pacientes y los delfines y por supuesto, un presupuesto que asegure la salud de los terapeutas estrella.

Las personas que han tomado terapia con estos cetáceos describen la experiencia como “mágica” y dicen que provee bienestar a su vida. Judith Simon Prager, escritora y coautora de varios textos sobre el tema, asegura que existen mejorías notables en personas con síndrome de Down o con parálisis cerebral y en general, muchas personas creen que el nadar con delfines tiene extraordinarios resultados en la salud de personas con cualquier padecimiento.

ANTECEDENTES
Fue una mujer llamada Betsy Smith quien inició esta práctica en la década de 1970 tras observar la interacción entre su hermano, quien padecía una enfermedad mental, y un delfín. En 1987 se llevó a cabo un estudio de caso en el cual se usaron delfines para impulsar a un niño autista a comunicarse con las personas. Betsy se aseguró de que una especie de terapia con estos inteligentes y amigables animales era como un nuevo medicamento para sanar a las personas.

A partir de entonces, numerosos centros, delfinarios y acuarios comenzaron a ofrecer terapia con delfines para todo tipo de personas, incluyendo mujeres embarazadas que reciben beneficio para ellas y sus bebés, según se dice. Actualmente es una actividad muy popular y demandada en todo el mundo, ofrecida como cura y frecuente en lugares con acceso a las costas. Los lugares de atención cobran alguna cantidad monetaria para permitir el acceso al agua y a la interacción con los delfines así como con profesionales humanos que regulan la actividad, que tiene una duración variable. Generalmente o de acuerdo con el padecimiento, se recomienda una serie de varias sesiones para que la terapia tenga resultados en la persona.

Betsy Smith se desvinculó de la terapia con delfines en la década de 1990, después de replantearse las dimensiones éticas de la práctica.

EFICIENCIA Y UTILIDAD
En la actualidad, muchos científicos e investigadores han puesto en tela de juicio esta terapia, ya que aseguran que no existe ninguna evidencia científica de mejoría a largo plazo. Lo más probable es que se produzcan efectos positivos en el ánimo durante un tiempo.

Aún son necesarios estudios concluyentes para que se asegure la efectividad o no efectividad de estas terapias.
Lori Marino, neurocientífica de la Universidad de Emory (Estados Unidos), es una de las personas que han desmentido la eficiencia de la terapia en cualquier tipo de trastorno y advierte que la práctica supone una situación de riesgo para los delfines y para los pacientes. Como ella, otros investigadores argumentan la peligrosidad de nadar con un animal grande que puede lastimar aun sin que tenga la intención, y el maltrato que podrían sufrir los delfines en un ambiente no natural.

La neurocientífica dice que si la gente supiera cómo los delfines son capturados para llevarlos en cautiverio, pensarían dos veces asistir a alguna terapia animal. Incluso psicólogos aseguran que no tiene eficacia en cualquier enfermedad y que entraña riesgos para los delfines.

En suma, aún son necesarios estudios concluyentes para que se asegure la efectividad o no efectividad de estas terapias. En definitiva, acudir a alguna implica el conocimiento de las condiciones de los delfines en el delfinario (o centro similar) y la decisión recae en el individuo.

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